El avionazo y el mal

Por Paco Prieto

El asesinato cometido por el copiloto del avión de la línea German Wings ha desconcertado a medio mundo. Un hombre en sus cabales, que había pasado con éxito y reconocimiento los exigentes exámenes de Lufthansa para contratación, cordial, dicen los que lo trataron, aun vital, se encierra en la cabina de pilotaje aprovechando que su jefe, el piloto titular, sale al baño y decide estrellar el avión. Desconcierta tanto que un hombre tan inteligente como Sergio Sarmiento escribe en Reforma una disparatada comparación con Santa Teresa de Avila que, cuando era casi una niña, anima a su hermanito a marchar a tierra de moros en busca del martirio. Y digo disparatada porque ella era una niña en tiempos de fervor religioso y fe a toda prueba, no llega a su objetivo y con los años se transforma su delirio en amor de Dios y Teresa termina siendo una proveedora de vida a través de la fe, la esperanza, la caridad. Muchos años antes del asesinato cometido por Andreas Lubitz, el copiloto, Pierre Riviere, un campesino francés en tiempos de la Revolución Francesa, asesina a sus padres y a sus hermanos, aprende en la cárcel a leer y escribe sin sombra de arrepentimiento sus memorias en el calabozo antes de ser ejecutado por la justicia. En pleno medioevo, el mariscal de Francia Gilles de Rais es descubierto como asesino y violador de infinidad de jóvenes, hombres y mujeres, y llevado al patíbulo. Como en aquellos lejanos años se creía en el Diablo, así, con mayúsculas, había una explicación. El problema con el caso Lubitz es que no hay explicación: los que matan por trastorno bipolar, se matan a sí mismos pero no a los demás. Los terroristas asesinan para provocar el caos y contribuir al triunfo de una causa. Lubitz ni padecía trastorno bipolar ni defendía causa alguna. Era un hombre de la posmodernidad, sin Dios, sin Diablo y sin ideología: una persona aparentemente normal que gozaba de un buen salario y de buenas prestaciones, como tantísimas otras que componen las clases medias de las naciones aquí y ahora y yo me pregunto si en  el caso de que la líneas aérea practicara un examen terapéutico a la tripulación antes de abordar hubiera sido detectado como un asesino en potencia, me temo que no.
 
Traigo el asunto al blog del defensor porque intriga a muchos y porque provoca un sinnúmero de interrogantes.  Lo único razonable es decir que Lubitz respondió a un acto libre, a su soberana libertad. Y esto, en las actuales circunstancias que vivimos en el mundo posmoderno, sencillamente aterra. Si creyéramos en Satán, empero, tendríamos el consuelo de una explicación razonable.

One comment to El avionazo y el mal

  • Cristina del Castillo  says:

    Estoy muy de acuerdo con las palabras de Paco Prieto.
    No encontramos explicación para un comportamiento como el de Lubitz y parece inevitable, lo cual es todavía más aterrador.
    Gracias

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