Ha muerto Jesús Córdoba

Por Paco Prieto

19 de febrero 2016

El defensor tiene, pienso, la obligación de sacar a la luz cosas o hechos importantes que no están suficientemente iluminados. En el caso del maestro torero Jesús Córdoba, porque le tocó morir a una edad avanzada en tiempos difíciles para las corridas de toros, me niego a aceptar que los toros ocupen las páginas deportivas, su lugar son las páginas de cultura, por eso me ocupo aquí de este hecho. Creo que la fortuna es que Córdoba fallece en vísperas de la presencia en la Plaza de Toros México de Hermoso de Mendoza y de Enrique Ponce, lo que anuncia el segundo lleno de no hay boletos en el coso este año y espero que la autoridad lo vocee antes del inicio de la corrida pidiendo el minuto de aplausos de rigor.

 

Aficionados de más de sesenta años prolongarán más tiempo la ovación que Córdoba merece, por haber sido un torero de primera línea y un juez de plaza cuya ausencia del biombo de la autoridad lamentamos: mantuvo vivo el rigor, que se ha perdido, y que exigía la Plaza México de antaño.

 

Córdoba fue un leonés nativo de Kansas City que formó un trio legendario y diferenciado de toreros ya fallecidos: Rafael Rodriguez, Manuel Capetillo y él; les llamaron “los tres mosqueteros”. De su generación fueron Calesero, Juan Silveti Reynoso, Jorge Ranchero Aguilar, entre otros. Era un torero muy fino, tanto con el capote como con la muleta.

 

Algunos lo menospreciaban considerándolo un tanto frío, pero inspirado y frente a un toro bravo y noble, hacía olvidar el peligro por la delicadeza de su trazo en el tercio de capa y en el tercio de muleta. Era un buen conversador y un buen lector, como muchos de los toreros que han llegado a los primeros planos. Fue muy castigado por los toros pues nunca alcanzó el dominio técnico de un Armillita o de un Arruza. Fue también un hombre de una religiosidad honda.

 

Si hubiera muerto hace treinta años, los noticiarios de televisión habrían recordado sus grandes momentos en el ruedo. Qué lástima que en estos tiempos no sea así.

 

Le rindo un homenaje a través de este medio en un artículo para nuestras audiencias que comparten el interés por el arte de lidiar reses bravas.