Falleció María Luisa Alcalá

Por Paco Prieto

26 de febrero 2016

 

 

El pasado domingo 21 de febrero falleció la escritora, directora escénica y actriz María Luisa Alcalá. Personas con más de cuarenta años la recuerdan por su papel de la criada del Dr. Cándido Pérez, una serie de TV que protagonizó junto con Ortiz de Pinedo y Nuria Bages, y acaso, por la puesta en escena de El Principito que adaptó y en la que actuó en diversos escenarios. Pero hay algo que quiero difundir en las audiencias jóvenes y, quizás, refrescar la memoria de personas que tenían 20 años en torno a 1968. En efecto:

María Luisa fundó y animó el café El Tirol, que se encontraba en la calle de Hamburgo, en pleno corazón de la llamada entonces Zona Rosa, o sea, una parte de la colonia Juárez. En ese café se empezó a gestar el México de la modernidad y noche a noche departían Carlos Fuentes, entonces un novelista prometedor, Alexandro Jodorowsky que se probaba como provocador, el jovencísimo actor Enrique Rocha que tras representar maravillosamente un Hamlet en Acolman y al personaje de Stavroguin, de Los poseídos de Dostoievski adaptada al teatro por Camus, semejaba a un anarquista de fines de siglo; ahí concurrían también Julissa, entonces una versión mexicana de Francoise Hardy, José Luis Cuevas que propugnaba un arte efímero, el argentino Piazza que recreó aquel ambiente en un libro intitulado La maffia, que editara Díez-Canedo en la serie del Volador, la actriz Bertha Moss, Santiago Genovés, Alberto Isaac, Huberto Batis… Se jugaba al existencialismo, se pretendía estar al nivel de Saint Germain des Prés y El Tirol se convirtió en una réplica del Flore y del Deux Magots. Se hablaba mucho de cine, sobre todo de Ingmar Bergman, de Luis Buñuel, de Fellini y de Michelangelo Antonioni y, por cierto, ahí también debatían José de la Colina, Emilio García Riera y Tomás Pérez Turrent.

Pero llegó el mes de octubre, los tanques salieron a las calles, y se fue cambiando a Camus por Karl Marx. Sucedió lo que nadie pensó que podía suceder en este país donde nunca pasaba nada: el asesinato de los jóvenes. Marx también quedaría atrás como quedaría atrás el café El Tirol.

Aquella fiebre de amor por el arte y la cultura tuvo un escenario donde muchos dejaron su juventud y sus sueños. Pienso que no hubiera sido posible sin la iniciativa y el entusiasmo de María Luisa Alcalá.